A estas alturas de la guerra en el Pérsico, Estados Unidos debe recordar una lección nunca digerida: es mucho más fácil comenzar una guerra que terminarla.
Al iniciar la tercera semana de guerra, los escenarios que se perfilan a futuro en Irán son la continuidad de un régimen islámico apoyado por la Guardia Revolucionaria (GR), un golpe de Estado para establecer una dictadura militar sin los ayatolas, o la elección de un gobierno democrático inexperto que podría crear caos o vacío de poder en un país de 90 millones.
La perpetuación de los 45 años de la fusión militar y teocracia (con un ayatola supremo no electo popularmente) y con la Sharia islámica como norma jurídica, significarían un fracaso para Estados Unidos e Israel que se aventuraron a bombardear Irán con objetivos distintos.
Israel busca la destrucción de la GR, desnuclearización y el fin de Irán como potencia regional. EU desea imponer en Irán un gobierno afín a sus intereses y a los de Israel, cosa que se antoja complicada después del bombardeo sistemático de civiles en Teherán e Isfahán, la zona nuclear, y la muerte de mil 200 iraníes, entre ellos 175 niños asesinados en una escuela por un misil Tomahawk.
Las otras opciones en Irán serían la desmilitarización y ocupación unificada como ocurrió en Japón, gobernado por una fuerza militar bajo el liderazgo de EU. O Alemania, fragmentada por zonas entre EU, Francia, RU y la URSS. Solo que en los casos de los países derrotados en la 2a Guerra Mundial había cientos de miles de soldados de ocupación, cosa inexistente en Irán.
La sombra del caos de Afganistán, el conflicto bélico más prolongado de EU, con 20 años de ocupación, se posa sobre Irán. Uno tras otro, hubo gobiernos débiles en Afganistán impuestos por fuerzas de ocupación, en su momento soviéticas y luego estadounidense. Sucedía que en el mejor de los casos el gobierno central controlaba Kabul más algunas ciudades, y los talibanes gobernaban zonas rurales en la sombra, apoyados por la población.
Trump está empantanado con una aprobación de solo 40 por ciento, es el presidente peor evaluado en los conflictos bélicos desde la 2a Guerra Mundial. En cambio, Benjamin Netanyahu aumentó su popularidad en Israel, no tanto por Irán, sino por el bombardeo a Hezbolá y Beirut. Si hubiera elecciones en Israel, Netanyahu sería reelecto.
