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Balazos a la sombra de Makárenko

María del Rosario y Tatiana llegaron a la preparatoria Makárenko, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, quizá agobiadas por las urgencias de cualquier educadora: exámenes, trabajos y la cercanía de las vacaciones de Semana Santa.

Dar sentido a los ímpetus, rebeldías e inconformidades de los jóvenes no es sencillo, pero nunca imaginaron lo que estaba por ocurrir.

Y es que nadie podía intuirlo, pero María del Rosario (37 años) y Tatiana (36) ya no terminaron el día, porque Osmar H, un estudiante de 15 años, las mató a tiros con un fusil AR-15 en pleno salón de clases.

Osmar H, horas antes del ataque, publicó un video en sus redes sociales, en el que se le ve con un arma larga. Era el anuncio, aún indescifrable, de lo que pensaba hacer.

Como vamos de espanto en espanto, no solemos asomarnos a esos abismos en los que la violencia tiene que ver también con la salud mental, la que se va deteriorando por los altos niveles de violencia, pero también por los estragos que causó la soledad de la pandemia.

Esas mediciones ya se hacen y llaman a acciones urgentes, a ocuparse de un problema que está ahí, aunque se trate de esquivar.

El salvajismo de Osmar H, quizá, si pertenencia a grupos Incel, puede dar pistas de lo acontecido, pero en el fondo da cuenta de un tejido social roto hace mucho tiempo.

Lázaro Cárdenas, lo que debiera ser uno de los puertos más importantes de México, es más bien el agujero por el que se cuelan los precursores para fabricar fentanilo, y una zona de alta densidad criminal.  

Desde hace años el lugar tiene una gobernabilidad relativa, sujeta a la fuerza de los grupos criminales y a las más diversas componendas.

Nos sorprende Osmar H, pero quizá la sorpresa, y eso es inquietante, es que todavía no existan más como él.

Curioso, con esas ironías que se potencian en las desgracias, es que la escuela lleve el nombre de Makárenko, el pedagogo soviético que creía en la rehabilitación de los delincuentes y en las virtudes del trabajo productivo y la autogestión.

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