
El debate sobre la seguridad europea dio un giro inquietante esta semana. El Ministerio de Defensa de Alemania advirtió públicamente que Europa debe aumentar su gasto militar y prepararse para defender su territorio, citando informes de inteligencia que alertan sobre un posible ataque ruso contra la OTAN antes de 2029. La información fue publicada y analizada por el periódico digital El Español, que desde hace meses sigue las señales de creciente tensión en el flanco oriental de la Alianza Atlántica.
La advertencia alemana contrasta con el discurso reiterado de Vladimir Putin, quien ha insistido en que atacar a la OTAN “sería una locura”. Pero, de acuerdo con El Español, cada vez más servicios de inteligencia occidentales coinciden en que Moscú evalúa escenarios de agresión, especialmente en los puntos más vulnerables de la alianza.
Un Kremlin sin tiempo y sin salida
La gran pregunta, plantea El Español, es por qué Rusia abriría un segundo frente si ni siquiera ha podido asegurar una victoria clara en Ucrania, ni se prevé que lo haga pronto. La respuesta apunta al orgullo y a la lógica interna del poder en Moscú: si no se puede reconocer una derrota, se dobla la apuesta.
Putin, hoy con 73 años, parece obsesionado con lograr algún tipo de “renacer del imperio ruso” en vida. El Kremlin no tendría reparos en mandar a cientos de miles de soldados más a morir en otra aventura militar si ello le permite mostrar fuerza histórica, aunque los costos sean descomunales.
Qué significa “un ataque a la OTAN”
La posible agresión no necesariamente equivaldría a una invasión convencional del continente europeo. El análisis de El Español plantea distintos escenarios:
- Un ataque directo y rápido a los países bálticos.
- Una operación híbrida que combine drones, sabotajes o infiltración paramilitar.
- Un choque indirecto a través de Bielorrusia.
- Provocaciones destinadas a probar la cohesión real del Artículo V de defensa mutua.
- La amenaza nuclear como instrumento de intimidación estratégica.
Aunque Rusia sabe que no puede derrotar militarmente a la OTAN como bloque, en Moscú cunde la idea de que la alianza podría fracturarse si tuviera que responder militarmente por la defensa de países pequeños como Estonia, Letonia o Lituania.
Los países bálticos como eslabón más débil
Para El Español, los primeros objetivos lógicos serían los países bálticos, cuyo peso militar es muy reducido pese al despliegue de fuerzas de la OTAN en la zona. La geografía juega un papel central: Rusia podría llegar a Tallin, Vilna o Riga en cuestión de horas. El desafío para Europa sería lograr expulsar a las tropas rusas una vez instaladas.
Todo ello se agrava por la vulnerabilidad del corredor de Suwalki, un estrecho territorio entre Polonia y Lituania que conecta a los bálticos con el resto de la OTAN. Si Rusia —o Bielorrusia— lo bloqueara desde Kaliningrado, las fuerzas aliadas quedarían aisladas.
En los últimos años ya se han registrado maniobras de “guerra híbrida” en esa frontera, como el envío masivo de migrantes sirios en 2021, una operación coordinada entre Moscú, Minsk y el régimen de Al-Asad para presionar políticamente a la Unión Europea.
Escalada con drones y provocaciones “por error”
Otra táctica usada por el Kremlin ha sido el envío de drones que terminan cayendo en territorio de Polonia o Rumanía, ambos miembros de la OTAN. Aunque estos incidentes han sido denunciados formalmente, la respuesta del secretario general Mark Rutte ha sido contenida: entrar en pánico, advirtió, sería darle a Putin la señal de debilidad que busca.
El riesgo, subraya El Español, es que esta moderación occidental anime a Moscú a ir más lejos. Un ataque coordinado con cientos o miles de drones sería hoy prácticamente imposible de detener, pues Europa aún no cuenta con defensas antiaéreas adecuadas para ese tipo de amenazas.
Falsas banderas: el manual del Kremlin
El uso de operaciones de falsa bandera —ataques fabricados para culpar al enemigo— es una herramienta clásica de Rusia, recuerda El Español. La región más susceptible sería Transnistria, el territorio separatista de Moldavia controlado informalmente por Moscú.
Un ataque simulado contra intereses transnistrios podría justificar una intervención militar rusa. Ello forzaría a Moldavia a responder y pondría a prueba la reacción de Rumanía, abriendo una crisis con impacto directo en la seguridad europea. Tras la experiencia ucraniana, Rusia podría intentar avanzar sobre estos espacios grises mientras evalúa la reacción occidental.
El escenario extremo: la escalada nuclear
Aunque improbable, el “Armagedón nuclear” es el escenario que los propagandistas rusos mencionan con mayor insistencia. El Español recuerda que el Kremlin presume de misiles hipersónicos y submarinos capaces de provocar devastación total en minutos.
Un ataque de ese tipo equivaldría al fin de la civilización tal como la conocemos, con respuestas automáticas de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Millones de muertos, décadas sin recursos básicos y un planeta inhabitable. Incluso China, principal socio estratégico de Moscú, perdería cualquier incentivo en un escenario que destruiría el orden mundial del que depende su crecimiento.
Un aviso urgente para Europa
Para El Español, el mensaje de fondo es claro: Rusia evalúa opciones y Occidente debe hacerlo también. La OTAN no logró proteger a Ucrania y sería un error repetir ese patrón con Moldavia, los países bálticos o cualquier otra zona vulnerable.
Las advertencias alemanas buscan precisamente evitar que la alianza se encuentre desprevenida en 2029. Con un Kremlin impredecible, una guerra en Ucrania sin resolución a la vista y un entorno estratégico más volátil que nunca, Europa enfrenta la obligación de prepararse para el peor escenario, esperando no tener que enfrentar ninguno.

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