La prestigiosa revista médica The Lancet dedicó su portada de esta semana al secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. El mensaje es claro y devastador: “La destrucción que Kennedy ha traído en este su primer año tomará generaciones para repararse. Existe poca o nula esperanza para la ciencia y la salud en EU mientras continúe en su cargo”.
A través de la historia, es difícil encontrar personajes que hayan tenido un impacto tan negativo en el desarrollo de la ciencia y la salud. Podríamos considerar a Josef Mengele, médico alemán conocido como el Ángel de la Muerte, quien realizó experimentos inhumanos durante el Holocausto, causando un sufrimiento extremo y la muerte de miles de personas. También a Trofim Lysenko, el agrónomo soviético que impulsó una ideología pseudocientífica que rechazaba la genética mendeliana en favor del neolamarckismo; su influencia política suprimió la biología moderna en la URSS, provocando graves crisis agrícolas y la persecución de científicos legítimos.
Incluiría en este grupo a Hugo López-Gatell, el epidemiólogo mexicano que se aprovechó de la tibieza y la nula presencia de Jorge Alcocer, quien fungió como secretario de Salud en México de 2018 a 2024. López-Gatell fue el encargado del manejo de la pandemia de Covid-19 en nuestro país. Sus políticas estuvieron encaminadas a la austeridad y a su propia ideología, lo que llevó a una mortalidad de más de 800 mil mexicanos por el SARS-CoV-2 y a registrar el mayor número de trabajadores de la salud fallecidos por el virus en el mundo. Por si esto no fuera suficiente, apoyó cambios en la adquisición y distribución de medicamentos y vacunas, lo que derivó en el peor desabasto de fármacos en la historia del país. Actualmente, México enfrenta una crisis por la epidemia de sarampión, resultado de la caída en la cobertura vacunal en niños menores de 10 años. El país ha sufrido 32 fallecimientos por esta enfermedad, la cual se consideraba erradicada y no había provocado decesos desde 1995.
A este grupo se suma Robert F. Kennedy Jr., quien fue designado oficialmente por el presidente Donald Trump para el cargo de secretario de Salud y Servicios Humanos (HHS) el 14 de noviembre de 2024. Kennedy implementó un plan de recorte de personal sin precedentes en agencias clave como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Se estima que supervisó el despido de 10 mil empleados, lo que ha sido clasificado como un desmantelamiento ilegal que debilita la capacidad de EU para responder a crisis sanitarias. Asimismo, ha realizado cambios en el calendario de vacunación infantil que han motivado demandas de 15 estados, alegando que dichas modificaciones son anticientíficas. También ha recortado miles de millones de dólares en proyectos de investigación; una de las cancelaciones más criticadas ha sido la suspensión de contratos para el desarrollo de vacunas con tecnología de ARNm, destinadas a prevenir futuras pandemias y cuyos avances permitirían combatir no solo enfermedades infecciosas, sino también neoplásicas.
Estos personajes han atentado contra los principios primordiales de la salud. Los cuatro han sido respaldados por líderes ajenos al rigor científico: Hitler en el caso de Mengele, Stalin con Trofim Lysenko, López Obrador con Hugo López-Gatell y Donald Trump con Robert F. Kennedy Jr. Han permitido que la mala política enferme a la salud pública, provocando la muerte de millones de personas. El problema no termina cuando dejan el cargo: los daños generados afectan a generaciones completas. Lo que vivimos hoy con el sarampión en México es el resultado de una política de salud negligente de hace ya varios años.
Mengele, Lysenko, López-Gatell y Kennedy Jr. no son accidentes aislados, sino los síntomas de una enfermedad mayor: la indiferencia de líderes que desprecian el conocimiento. Si el futuro de la ciencia y la salud continúa en manos de quienes las sabotean, las próximas portadas de la historia no se escribirán con avances médicos, sino con muertes que pudieron haberse evitado.
