...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

El gas del norte y la seguridad energética de México

Saltillo, Coah.- Durante décadas, el norte de México ha aprendido a leer su propio territorio. En Coahuila, esa historia comenzó con el carbón, continuó con el acero y más tarde con una poderosa vocación industrial que hoy forma parte del motor manufacturero del país. Ahora, en medio de un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, reorganización de cadenas productivas y debates sobre seguridad energética, el gas shale vuelve a aparecer como una posibilidad que merece ser observada con atención.

El potencial no es nuevo. Desde hace más de una década, estudios geológicos han señalado que el norte del país, particularmente regiones de Coahuila, posee formaciones con gas no convencional similares a las que detonaron la revolución energética del shale en Texas. Durante los años de la apertura energética federal se exploró incluso la posibilidad de desarrollar un clúster energético regional que reuniera a empresas, academia, especialistas y gobierno para impulsar una agenda alrededor del gas. Aquella conversación perdió visibilidad con los cambios en la política energética nacional, pero dejó claro que el norte contaba con una base técnica e industrial para participar en un debate energético de mayor escala.

Hoy ese debate vuelve a tomar fuerza. La creciente demanda energética derivada del nearshoring y la necesidad de garantizar suministro para la industria han vuelto a colocar el tema sobre la mesa. En ese contexto comienza a mencionarse con mayor frecuencia el concepto de Gas Coahuila.

El propio gobernador Manolo Jiménez Salinas ha señalado recientemente que el desarrollo del gas en el estado podría convertirse en una de las grandes palancas económicas para México. De acuerdo con sus declaraciones, el proyecto podría atraer inversiones importantes, generar miles de empleos y contribuir a fortalecer la soberanía energética del país. Incluso ha planteado que el potencial económico de esta actividad podría representar un impacto equivalente al de grandes industrias históricas del estado.

Más que un programa completamente estructurado, Gas Coahuila comienza a perfilarse como una visión estratégica que busca posicionar al estado dentro de la nueva conversación energética nacional. La idea parte de una realidad evidente. México importa hoy gran parte del gas que consume, principalmente desde Estados Unidos, lo que vuelve vulnerable al país ante cambios en el mercado energético internacional.

Hablar del potencial gasífero del norte inevitablemente conduce a dos conceptos que durante años generaron posiciones encontradas: el gas shale y la fractura hidráulica, conocida como fracking. Se trata de una técnica que permite liberar gas atrapado en formaciones rocosas profundas. En Estados Unidos esta tecnología transformó regiones completas, impulsando crecimiento industrial y una nueva dinámica energética basada en gas abundante y competitivo, aunque también abrió debates ambientales que siguen presentes.

Hoy el tema vuelve a aparecer en el debate nacional bajo una lógica distinta. Incluso la propia presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado recientemente la necesidad de analizar con mayor profundidad el potencial del gas no convencional en México dentro de la discusión sobre seguridad energética.

El contexto internacional también empuja esa reflexión. Las tensiones en Medio Oriente y la vulnerabilidad de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz recuerdan hasta qué punto el suministro energético puede verse afectado por conflictos que ocurren a miles de kilómetros de distancia. En un mundo así, contar con recursos energéticos cercanos adquiere un valor estratégico.

Desde esta perspectiva, el gas del norte de México deja de ser solamente una discusión geológica. Se convierte en una pregunta sobre competitividad regional, estabilidad industrial y visión de futuro.

Porque al final, la verdadera pregunta no es únicamente si existe gas bajo tierra. La pregunta es si el país será capaz de construir una estrategia energética que permita aprovecharlo.

En Coahuila, al menos, el tema ha comenzado a moverse. Se ha visto interés institucional, disponibilidad técnica y una voluntad política para poner el potencial gasífero del estado sobre la mesa como parte de la conversación económica del país.

Habrá que ver si a nivel nacional la política energética y las tensiones propias del debate público logran encontrar los acuerdos necesarios para convertir ese potencial en una realidad. Porque más allá de los discursos, el gas del norte representa una oportunidad que podría redefinir el papel energético de México en América del Norte.