Hay momentos en que la política exterior deja de lado la diplomacia para producir un nuevo tablero militar y económico. Eso es lo que Trump está haciendo en América. Así, los operativos contra el narcotráfico, la cumbre de mandatarios afines, y un discurso más agresivo sobre frontera y cárteles son las piezas que se adelantan en el tablero. Se trata de la construcción de un escenario hemisférico donde la seguridad, la migración, el comercio y la rivalidad con China se entretejen como parte de una misma estrategia. La reunión Shield of the Americas, convocada por Trump apenas días después de la nueva escalada en Medio Oriente, expresa esa lógica.
Project 2025 es el documento que contiene el proyecto de poder del Partido Republicano. Fue realizado por la Heritage Foundation y más de 50 organizaciones conservadoras; ayuda a comprender el nuevo tablero. No porque funcione como libreto táctico de cada operativo, sino porque fija el marco desde el cual esos operativos se vuelven inteligibles.
En sus páginas, México aparece como un “desastre de seguridad nacional”; se propone una política de sovereign Mexico; se vincula la crisis del fentanilo con precursores chinos y se insiste en reactivar desde el día uno instrumentos como Remain in Mexico. Más que un vecino complejo, México se concibe como un punto de convergencia entre crimen transnacional, colapso fronterizo, migración y competencia geopolítica con Beijing. De ahí que es necesario intervenirlo para realinearlo.
En la práctica, Trump no sigue mecánicamente ese documento, pero adopta su lógica: desde el endurecimiento en el trato a los migrantes hasta la forma de repartir roles y posiciones dentro de la región. Hay países que sirven para la foto y países que sirven para el engranaje. Los primeros son exhibidos como vitrina de una nueva mayoría ganadora hemisférica: duros en seguridad, disciplinados en migración, compatibles con Washington en economía. Los segundos tienen que cooperar, muchas veces a pesar de ellos mismos.
Esta nueva alineación es importante. Dados los problemas que enfrenta México, se ha convertido en un fusible esencial para la seguridad de Estados Unidos. Ese es uno de los muchos costos de haber permitido la infiltración del crimen organizado en las estructuras de gobierno y de haber perdido el control en partes enteras del territorio. Mucho me temo que, si esta situación no se revierte de manera pronta, tajante y de raíz, los mexicanos tendremos que asumir pérdidas todavía mayores.
Por su parte, Trump no necesita que todos se sumen al Shield of the Americas. Le basta con que cooperen donde importa y con que algunos adopten, de forma visible, la nueva disciplina hemisférica. Stephen Miller lo dijo sin rodeos ante mandos latinoamericanos reunidos en el Comando Sur: los cárteles no pueden ser derrotados por una solución de justicia penal, sino por la fuerza bélica; por eso, añadió, aquella no era una conferencia de abogados. Así, la política oficial se convierte en la amenaza del uso de la fuerza.
Por eso, Ecuador importa en el diseño de Trump: se trata de una suerte de caso piloto. Noboa realizó, el sábado por la noche, operaciones conjuntas con Estados Unidos en su ofensiva militar contra el narcotráfico, en la frontera con Colombia: campamento bombardeado, medios aéreos y narrativa antinarco-terrorista. El hecho se comprende mejor si se lee como parte de una secuencia: fricción andina, presión comercial, coordinación militar y elevación de Ecuador al centro del nuevo guion hemisférico.
Este es, me parece, el lente correcto para leer los últimos acontecimientos. Trump no solo combate el narcotráfico sino que reorganiza políticamente a América. Project 2025 no escribe el operativo, pero sí reparte las posiciones: México como problema de soberanía, frontera y fentanilo; Ecuador como vitrina de cooperación militar visible; China como amenaza de fondo que justifica el reajuste. No es la vieja Doctrina Monroe, pero tampoco algo completamente distinto. Es la actualización para la era del fentanilo, la frontera y la competencia global.
