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Las panaderías y las universidades

Una anécdota que escuché alguna vez cuenta que, reunido un equipo de mercadólogos para encontrar el eslogan publicitario para una panadería, uno propuso decir: “la mejor del mundo”; otro “la mejor del país”, y uno más “la mejor de esta calle”. Bueno, así parecen reaccionar algunas instituciones mexicanas cada vez que salen los rankings de las mejores universidades del mundo.

Por ejemplo, en el QS 2026, que incluye mil 504 universidades, la UNAM aparece en la posición 136; le sigue el Tec de Monterrey en la 187, y luego, en el rango 801-1000, el ITAM y El Colegio de México. En el Times Higher Education, que considera 2 mil 191 instituciones, las dos mexicanas “mejor” ubicadas son el Tec, en la banda 601-800, y la UNAM entre 801-1000. Y en el Academic Ranking de Shanghái, que reporta mil instituciones, nuevamente está la UNAM en el tramo 201-300 y el Poli en el 501-600.

En consecuencia, tales instituciones suelen reportar los resultados como las panaderías: somos la mejor del vecindario.

Desde luego que estos rankings, que ya llevan años publicándose, suelen ser controvertidos, según le va en la feria a cada universidad, con las etiquetas de siempre: “neoliberales”, “descontextualizados”, “clasistas”, “meritocráticos”, etc., y como las mexicanas que participan normalmente salen en la tabla baja la reacción usual es el desdén o, como mucho, destacar que no están mal en el comparativo… dentro de México o América Latina. Sea cual sea la forma de enfocar la cuestión, el resultado es que ninguna pinta entre las 25 o 50 mejores del mundo. Y como, por otra parte, las top son generalmente las usual suspects -Oxford, Harvard, MIT, Stanford, CalTech, Chicago etc.-, entonces cada año no hay novedad en el frente.

Pero, realmente ¿no hay? Veamos.

Resulta que cada vez son más las universidades asiáticas que se posicionan en la parte alta de los rankings y dentro de ellas el caso de las chinas es el más notable. Según un recuento del Financial Times (26-02-2026), hace 15 años aparecía solo una entre las primeras 50 y hoy son cinco y en mejores lugares, gracias a una inversión sostenida y bien enfocada en ciencia, tecnología y educación durante tres décadas, a la atracción y repatriación de talento, la generación de patentes o la producción de investigación aplicada en sectores de punta como la genómica, la computación cuántica o la física nuclear.

Ahora bien ¿es el paraíso académico? No. Al lado de esos avances, según el diario, y más allá de las restricciones propias del sistema político chino, muchos críticos han acusado que una parte de esa investigación es “fraudulenta” o de “baja calidad” y alcanza una escala industrial impulsada por incentivos que premian el volumen de publicaciones. De hecho, en 2025, hubo casi 3 mil retractaciones de artículos de autores chinos en revistas, en comparación con 177 de autores norteamericanos. Incluso las citas, “en ocasiones han sido distorsionadas por artículos de autores chinos que son citados innecesariamente por otros académicos para mejorar su calificación”.

¿Es esto algo raro? En buen castizo, nada inusual en la academia ni mexicana ni en la de muchos países. Y a ello se añade la desconexión entre egreso y demanda, las brechas de habilidades y competencias, la mala calidad de la educación proveída, las tasas de desempleo y subempleo de universitarios, entre otras cosas.

En conclusión, por muchas razones es urgente hacer una pausa en el crecimiento sin ton ni son de la oferta de educación superior en México (basta ver el engendro llamado “universidades del bienestar”) para abrir espacio a una profunda, rigurosa y sincera reflexión acerca del estado real en que se encuentra, tomando en cuenta no solo que es el nivel donde más crecerá la matrícula en las próximas tres décadas sino, sobre todo, reconociendo la imparable revolución tecnológica y del conocimiento y la complejidad económica que están desafiando por todos lados el modelo universitario convencional.

De otra forma, las universidades mexicanas podrán seguir como el perro que se muerde la cola: las mejores de la calle, pero nada más.