Recién tuvo lugar el Consejo Nacional de Morena. Como todo en esta época del obradorismo, se trató de un evento desordenado, desaseado y poco profesional. No obstante, es preciso reconocer que tuvo más claridad de miras que lo que andan haciendo el resto de los partidos políticos mexicanos. Se concentró en lo que le corresponde concentrarse a un partido político aquí y en cualquier lugar del mundo: la organización y estrategia electoral. Mientras tanto, el dirigente priista no deja de pararse en cuanto espacio le abren para suplicarle a los otros partidos que por favor lo dejen ir en alianza con ellos, pues le preocupa su posible pérdida de registro en varios estados. El PAN no se sabe a qué se dedica. Leí una nota de Salvador Camarena donde refiere que los panistas andan en un evento en Harvard. No se ría, es en serio. Y MC siempre juega al misterio para que no sepamos si tiene una gran estrategia o simplemente no tiene ninguna, y se frota las manos esperando cachar el voto que pierden cada tres años el PRI y el PAN.
Estamos a un año y tres meses de la próxima elección federal intermedia. Los partidos de oposición no tienen claridad sobre sus candidatos ni sus métodos de selección. Vamos, ni siquiera saben si irán en alianza y dónde sí o dónde no. De forma muy reveladora, Morena ni siquiera se ocupa del tema de la oposición en su consejo. No le preocupa y tiene razón. Le preocupan únicamente las divisiones internas en su propio partido, de modo que el consejo se dedicó a establecer reglas claras para la definición de candidaturas. Claras es un decir. Son reglas explícitas, pero todos sabemos que manipulables y manipuladas. Habrá encuestas y habrá filtros con colaboración de la FGR para supuestamente evitar candidaturas del crimen organizado. No tenemos ninguna pista, en cambio, sobre cómo pretenden evitar el financiamiento de la delincuencia organizada, que es el tema más serio, como se vio en el caso de Carmona, el Rey del huachicol.
Entiendo el resentimiento de los opositores contra Morena, lo que no entiendo es su falta de estrategia. No he visto que le presenten atención al consejo del partido oficialista para, en función de ello, acelerar sus procesos internos y selección de candidatos. Tengo para mí que, en México, las elecciones no se ganan durante el periodo de campaña, sino antes. Es en el trabajo territorial previo donde se juega el resultado electoral.
El Consejo de Morena deja claro que el horizonte electoral de México sigue en manos de la 4T. No enfrentan ni perciben ninguna amenaza real a su competitividad electoral, nada más les preocupa proyectar unidad interna. La oposición sigue preocupada por repartirse las cuotas plurinominales. Se trata, para ellos, de evitar que los borren del mapa, no de gobernar nuevos territorios ni de quitarle la mayoría calificada a Morena. Mientras los eventos de los partidos de oposición se dediquen a la autocelebración y a la denuncia de abstracciones, Morena seguirá consolidando su posición. Uno esperaría que ya tuvieran a sus precandidatos trabajando la elaboración de programas, estrategias, obtención de recursos financieros y logísticos. No es así, las candidaturas se definirán de último minuto en función de quién corteje mejor a los dirigentes nacionales de la así llamada oposición. A no ser que se produzca una gran fractura en Morena que hoy se ve inviable, más vale reconocer que la oposición se enfile a otra gran derrota, pues sus candidatos empezarán a trabajar cuando ya sea demasiado tarde.
