Hay un momento, y nadie te dice cuándo llega, en que el ruido deja de ser ambiente y se convierte en agresión. No es gradual ni dramático. Un día simplemente estás en un restaurante, la música está a un volumen que nadie pidió, la mesa de al lado lleva cuarenta minutos riendo de algo que claramente no es tan chistoso, y tú te das cuenta de que no puedes pensar. No puedes sostener una conversación. No puedes ni leer el …
