En la “época neoliberal” –esa que felizmente ya dejamos atrás, según el credo morenista– un dirigente político prometió, en diversas oportunidades, algo que muchos mexicanos creíamos indispensable: “Vamos a hacer –decía– que los organismos de defensa de derechos humanos de Naciones Unidas y de otros países puedan entrar a México a ayudar; no se le va a cerrar la puerta a nadie… Todas las organizaciones de derechos humanos pueden entrar al país. Son bienvenidas. Hicimos el compromiso con las Naciones …
