...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

Ormuz, más allá del petróleo

Tras dos semanas de guerra en Oriente Medio, mercados y gobiernos siguen concentrados en el precio del petróleo. Sin embargo, el cierre del estrecho de Ormuz ha encendido otra señal de alerta: a través de éste transita aproximadamente un tercio del comercio global de fertilizantes.

Qatar, Arabia Saudita y Omán son exportadores críticos de urea, amoniaco y fosfatos, sustancias clave para la producción agroalimentaria.

Desde el escalamiento del conflicto, el tránsito de buques se ha reducido en más de 70%. Los precios de la urea han subido entre 20 y 30%. Especialistas del sector han alertado que, para ciertos cultivos, una escasez prolongada podría reducir a la mitad los rendimientos en el primer ciclo de cosecha.

Es una historia conocida: cuando Rusia invadió Ucrania y restringió sus exportaciones de fertilizantes, el costo de los insumos subió 50% en pocos meses. En dos años, 22 millones de personas se sumaron a la población en situación de hambre (International Food Policy Research Institute). El Golfo Pérsico era, en buena medida, la alternativa a la que el mundo había recurrido para compensar esas pérdidas.

La crisis potencial es mucho más cercana a México de lo que aparenta.

Nuestro país importa alrededor de 75% de los fertilizantes que consume. En 2025, se reconfiguró nuestra red de proveedores. Omán se posicionó en tercer lugar, con un crecimiento de 228%, mientras que las importaciones desde EU se redujeron en 42%. Paradójicamente, la diversificación resultó en concentración de riesgo en una zona altamente conflictiva.

El impacto en el sector agroalimentario nacional podría sentirse pronto: el ciclo agrícola primavera-verano 2026 ya arrancó en buena parte del país y los próximos dos meses serán críticos. El aumento en el costo de producción será uno de los factores determinantes para la cosecha de este año.

Nos guste o no, la dependencia estructural de México en sectores estratégicos es un patrón: dependemos del exterior en combustibles y en gas natural, como comenté hace dos semanas, pero también en fertilizantes, indispensables para garantizar nuestra seguridad alimentaria.

Consideremos la dimensión humanitaria: más de 70% de los alimentos que consumen los países del Golfo transita por Ormuz. ¿Qué significa eso? Que la alimentación de 100 millones de personas depende de una ruta que hasta el momento no tiene alternativas. Si se mantiene la interrupción, las economías con mayor poder de compra competirán agresivamente por los suministros globales y los países más vulnerables quedarán desplazados. México no será inmune a esa competencia.

En 2022, la comunidad internacional logró negociar un corredor marítimo para facilitar la exportación de productos agrícolas ucranianos. Una medida similar es igual de urgente, pero mucho menos viable. Cada día que pasa con Ormuz cerrado es un día más de hambre para Oriente Medio, de inestabilidad para el sector agroalimentario y de volatilidad para los mercados.