El expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció en redes sociales solicitando apoyo económico para el pueblo cubano. “Estoy en retiro, pero me hiere –escribió el exmandatario– que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”. En consecuencia, invita a hacer depósitos en la cuenta de Banorte cuyo número proporciona, de la Asociación Civil Humanidad con América Latina, para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar a ese pueblo.
López Obrador no explica que entiende por “ideales de libertad y defensa de la soberanía”. El régimen de la isla ha cancelado todas las libertades democráticas: las de expresión, de prensa, de publicar la propia obra, la de acceder a todos los libros sea cual fuere el tema y el enfoque, la de reunión, la de asociación, la de formar partidos políticos, la de elegir a sus gobernantes, la de protestar por la situación del país, la de defender los derechos humanos. López Obrador nunca le ha pedido al presidente cubano Miguel Díaz-Canel que reinstaure alguna de esas libertades.
En Cuba toda protesta pacífica, aun si en ella participan miles y miles de personas –hartas de la opresión, el desabasto de alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad, las colas interminables, los privilegios de la casta en el poder–, es tildada por el gobierno cubano como parte de una conspiración orquestada por el imperialismo yanqui. Los participantes en las manifestaciones de descontento del 11 de julio de 2021 fueron apaleados por pandillas incondicionales del gobierno. 127 manifestantes fueron condenados a penas de prisión de entre 6 y 25 años. Muchos disidentes y defensores de derechos humanos han sido encarcelados simplemente por hacer públicas sus opiniones. López Obrador nunca ha intercedido por ninguno de esos presos.
¿Defensa de la soberanía? A los cubanos se les arrebató desde el principio de la revolución la facultad de elegir a su gobierno. Nos tenemos que preguntar a quiénes corresponde la soberanía, si a los gobernantes o a los ciudadanos. En Cuba se privó a los gobernados del carácter de ciudadanos para convertirlos en súbditos de una tiranía, es decir, se les privó de soberanía, el poder de decidir su destino político.
Lo que López Obrador defiende es una dictadura, la más añosa de nuestro continente –¡67 años!–, que ha hundido a Cuba en la opresión, el desabasto y la miseria.
