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¿Qué sigue para Sinaloa?

Culiacán, Sin.- Sinaloa es una entidad que no tiene seguridad pública, tampoco su economía está en crecimiento. La sociedad está fracturada y llena de temor. Las calles y los comercios permanecen desiertos al oscurecer. El cierre de empresas y la pérdida de empleos ha llegado a niveles inadmisibles. La inversión privada nacional y extranjera ya huyó de la entidad. La inversión pública estatal y nacional están en su mínima expresión. Ante una prolongada crisis de verdadero terrorismo, el futuro luce aterrador.

La administración pública estatal depende solo de programas federales. No existen políticas propias para reactivar la entidad. El gobierno del estado solo argumenta la falta de recursos para justificar su parálisis. Los gobiernos municipales se encuentran en total abandono. Después de 18 meses en gravísima crisis es evidente que, para el gobierno de la república, Sinaloa no es ninguna prioridad. En la entidad no hay proyectos detonadores del desarrollo, ni inversión pública importante.

A nivel local, el Poder Legislativo y el Poder Judicial solo son apéndices de un Poder Ejecutivo sin liderazgo, sin iniciativa y que reiteradamente es fuertemente señalado por los medios de comunicación por presuntos vínculos con hechos delictivos. Pero todo ello no es argumento para dejar que Sinaloa se vaya al carajo, que se destruya la economía regional, y que la entidad impunemente se convierta en epicentro de una prolongadísima guerra entre grupos delincuenciales. 

Paradójicamente, no se observan cambios importantes en la situación. Las autoridades viven en un mundo feliz, donde para ellos todo está funcionando bien y de maravilla. Pero muchas familias están tomando la decisión de abandonar la entidad en busca de oportunidades de vida en otros ambientes con mayor tranquilidad social.

Sinaloa no puede aceptar un mayor sufrimiento y deterioro. Las familias, de todos los estratos socioeconómicos, aún padecen las consecuencias de la impunidad y de la falta de acción por parte de sus autoridades. Pero la solución a lo que ocurre no es sencilla. Tampoco es fácil recuperar lo que se ha perdido.

La retirada de Rubén Rocha del gobierno estatal no es una fórmula mágica para construir una nueva normalidad. Sin embargo, es un primer paso, indispensable y totalmente necesario, para encontrar una salida a este larguísimo y obscuro túnel que tiene atrapados a los sinaloenses. El grito de "¡fuera Rocha¡" se escucha cada vez más fuerte en toda la entidad.