En teoría, ya viene la fiesta. Y no cualquiera, es la fiesta global del futbol. El deporte nacional. El que une familias o diluye parentescos. Habrá miles de turistas felices, camisetas de todos los colores, hartas cervezas en mano y ese entusiasmo ingenuo que hace pensar que el planeta entero puede convivir durante 90 minutos sin odiarse hasta los golpes. Y México orgullosamente será anfitrión por tercera vez. Parecería que somos expertos en organizar mundiales. Pero la verdad es que …
