Un país es soberano no cuando habla más fuerte, sino cuando su Estado gobierna mejor que cualquier rival dentro de sus fronteras. La soberanía no se mide por el volumen de la retórica ni por el énfasis con que se rechaza la presión externa, sino por algo más simple y más exigente: la capacidad real de mandar en casa. Desde esta perspectiva, la pregunta clave no es si un gobierno invoca la soberanía, sino si puede ejercerla. ¿Puede recaudar impuestos …
