La semana pasada, en El Universal, el excanciller Jorge Castañeda Gutman sostuvo —con razón— que no vivimos un declive del poder estadounidense, sino “una fuerte y renovada hegemonía norteamericana”. Los límites a su poder, afirma, no provenían del exterior sino del interior. Como explica Alan Ryan, Estados Unidos nació del equilibrio que Madison trazó entre el impulso imperialista de Hamilton y el republicanismo de Jefferson. Esa tensión —imperio y república, como en Roma— ha marcado su historia: a veces domina la ambición imperial; otras, sin desaparecer …
