Ginebra, Suiza.- Había una vez una isla soleada rodeada de tiburones. Las mujeres, los hombres y los niños que vivían ahí eran muy felices. De día trabajaban en los hoteles de lujo, en los bares, restaurantes donde cientos de turistas abarrotaban las playas, conquistaban amores y se dedicaban a gozar la vacación. Mientras tanto los campesinos se dedicaban al cultivo y a la cosecha de la caña de azúcar. Como en cualquier sociedad capitalista, había diferencia de clases, pero en …
