La imagen de continuidad entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador empieza a desmoronarse. No porque haya cambiado el proyecto de poder —ese sigue intacto—, sino porque en tres decisiones clave se advierte una mutación interesada: abandonar ciertas cegueras ideológicas y necedades mesiánicas que hoy le restan margen de maniobra al incipiente claudismo. No son simples gestos de autonomía ni una enmienda de fondo al obradorismo. Es, más bien, la reconfiguración del régimen hacia un modelo de capitalismo autoritario. …
