El tiempo de un jefe de Estado no es suyo. Le pertenece al país. Mientras millones de mexicanos enfrentan una carestía que devora semana a semana su poder adquisitivo; mientras la inversión privada huye de un entorno hostil por una reforma al Poder Judicial que de forma perversa concentra el poder en el Ejecutivo federal; mientras Pemex reconoce su responsabilidad en un derrame que mancha las costas de Tabasco y Veracruz; mientras la ONU enciende la luz roja y ofrece …
