México dejó de ser un país joven. Se agotó el famoso bono demográfico y, con él, desaparece una de las pocas ventajas estructurales que durante décadas nos hicieron creer que el futuro llegaría por inercia. Las cifras son contundentes. La tasa de fecundidad ha caído a apenas 1.6 hijos por mujer, debajo del nivel necesario para reemplazar a la población. El crecimiento demográfico, que en los años 70 superaba 3% anual, hoy es menor a 1%. La pirámide poblacional dejó …
