Los mexicanos nos sentimos extraviados en el laberinto de la maldad que día a día parece más intrincado y difuso, construido con impunidad, corrupción y complicidad. La denuncia y los llamados no alcanzan y, frente al cinismo de la clase gobernante, el riesgo es perecer en la desesperanza, hundidos en el pantano de la tristeza. Sin embargo, siempre es posible salir del laberinto. No existen soluciones fáciles y mucho menos mágicas. Y si bien es cierto que la lucha contra …
