El feminicidio de Edith no es un caso aislado. Es un síntoma, un espejo incómodo que refleja, una vez más, la incapacidad —o la indiferencia— de las instituciones encargadas de procurar justicia, de investigar y proteger la vida de las personas, y en particular de las mujeres, en la Ciudad de México. No es solo la violencia la que indigna, es la secuencia que la rodea: la omisión, la tardanza, la simulación de la autoridad repetida una y otra vez. …
