La expresión democracia liberal puede tomar por sorpresa a muchos. Ambos conceptos, a fuerza de discursos elegantes, se identifican como estrechamente relacionados. No estamos, sin embargo, ante una tautología, sino frente a algo más inquietante, en tanto no evidente: la democracia, por sí sola, no solo no garantiza la libertad, de hecho, puede destruirla. Pensemos en un ejemplo sencillo. La mayoría de una comunidad podría considerar perfectamente justo expulsar a alguien cuyas creencias religiosas, aunque respetuosas y privadas, incomoden al …
