Cuando una funcionaria o un funcionario enfrenta un problema familiar, ¿qué derecho tiene el interés público a meterse en su casa? ¿A convertirse en un testigo más de la cámara que registra lo más íntimo de un hogar? La respuesta inmediata parecería ser: ninguno. La vida privada existe para proteger aquello que ocurre lejos de los reflectores. Ningún servidor público deja de ser padre, madre, esposo, esposa o hijo cuando termina su jornada laboral. La Constitución protege su intimidad como …
