La revelación pública del accidente en el que perdieron la vida dos funcionarios de la embajada de Estados Unidos en el estado de Chihuahua reabrió la discusión bizantina sobre la forma y la intensidad de la cooperación en materia de seguridad y, en particular, en el combate al crimen organizado. El régimen, con un tic de culpa, mueve recurrentemente su línea de flotación entre dos extremos: hay cooperación en inteligencia y capacitación, pero no hay “intervenciones directas” de agentes extranjeros …
