El descarrilamiento del Tren Interoceánico no es sólo una tragedia ferroviaria sino el síntoma de un modelo de gobierno que llama transformación a la improvisación. Una forma de gobernar donde la propaganda va por delante de la seguridad, la prisa sustituye a la planeación y la corrupción va por encima de la integridad humana. Catorce personas muertas y un centenar de heridos exigen una reflexión profunda sobre cómo se conciben, ejecutan y operan los llamados proyectos emblemáticos del gobierno y …
