En la Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich, foro anual sobre política de seguridad internacional y de defensa, que tiene lugar desde 1963, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pronunció un discurso, para algunos conciliador, en opinión de otros -quizás de manera exagerada-, deslumbrante, al grado de equipararlo con Henry Kissinger y para algunos más, veladamente amenazador. Dirigido a “nuestros preciados socios y aliados europeos”, la prédica contrastó vivamente con la acre alocución dirigida a ese mismo coloquio el …
