La narrativa dominante sobre la seguridad pública en México padece de una ceguera ecológica persistente. Históricamente, el debate académico y político se ha centrado en contabilizar los homicidios, los decomisos y la geopolítica de los cárteles, relegando a la periferia un fenómeno de degradación ambiental irreversible: la proliferación de laboratorios clandestinos para la fabricación de drogas sintéticas. Hoy, miles de estas infraestructuras criminales operan como zonas de sacrificio ecológico, arrojando toneladas de químicos tóxicos en los ecosistemas más frágiles y …
