La reunión en Pekín de Donald Trump y Xi Jinping no es solo un evento diplomático, es una coreografía de poder. Para quienes observan desde fuera, la imagen de ambos estrechándose la mano entre los muros de la Ciudad Prohibida podría sugerir un 'borrón y cuenta nueva'. Pero en la política, estrecharse la mano no es un mero gesto, es un acto de dominio y medición de fuerzas —en este caso, un reconocimiento mutuo de paridad que los obliga a …
