Si algo hemos aprendido en los últimos años es que de un gobierno populista se puede esperar cualquier cosa. Siendo capaz de hipotecar el futuro nacional con ayudas clientelares y en cash para mantener el apoyo y, mejor aún, el voto popular –sin importar el endeudamiento irresponsable, la pauperización del sistema de salud y el profundo deterioro de la calidad educativa, entre otras muchas cosas que se han dejado de atender–, nada ya le puede resultar indebido o ilegítimo. Y …
